Claro, concuerdo plenamente contigo, es cierto el cine nos viene desinformando con estas ocurrentes fantasías imposibles y eso que te faltan cosas, por ejemplo, mira esa escena maravillosa que nos invita a hacerlo en la orilla, en un día hermoso en la playa con el agua pasando debajo de uno tiene sus adeptos, porque claro, es muy romanticona hasta que algunos incautos deciden pasar de la teoría a la práctica. Primero porque para encontrar una playa desierta hay que esperar al invierno y entre el frío general, la humedad de la brisa y el agua congelada lo más probable es que el amigote esté tan muerto de frío que prefiera la comodidad de hacerse chiquito y retener el calor que le queda, peor aún porque lucirá una poco agraciada piel de gallina que te invitarán al suicidio (o al menos a no volver a ver a tu pareja directamente a los ojos), si por el contrario decides liberarte de los tapujos (y de la ropa de baño) y te lanzas en verano (un lunes para evitar las multitudes) más vale que encuentres una playa distante para que no te reconozcan (sería bochornoso encontrarte con tus padres, tíos, vecinos, padrinos, etc por obvias razones) así que si te vas a alejar escoge una playa a la que no suelas ir y preferentemente de arena (las de piedra te molerán las rodillas, espalda o cualquier centro de apoyo, por lo que si no la encuentras te recomiendo ubicarte arriba porque el de abajo sufrirá como mula) claro, que la arena es punto y aparte, porque si con la ropa de baño puesta logra meterse por el potito si no encuentra la menor resistencia encontrará la forma de meterse en cada una de tus comisuras y cavidades corporales, incluyendo oídos, nariz y si te descuidas hasta en los ojos (por cierto, pocas cosas son tan poco románticas como la mueca de se me metió la arena al ojo) el mar, el mar
Muy Cierto
Claro, concuerdo plenamente contigo, es cierto el cine nos viene desinformando con estas ocurrentes fantasías imposibles y eso que te faltan cosas, por ejemplo, mira esa escena maravillosa que nos invita a hacerlo en la orilla, en un día hermoso en la playa con el agua pasando debajo de uno tiene sus adeptos, porque claro, es muy romanticona hasta que algunos incautos deciden pasar de la teoría a la práctica. Primero porque para encontrar una playa desierta hay que esperar al invierno y entre el frío general, la humedad de la brisa y el agua congelada lo más probable es que el amigote esté tan muerto de frío que prefiera la comodidad de hacerse chiquito y retener el calor que le queda, peor aún porque lucirá una poco agraciada piel de gallina que te invitarán al suicidio (o al menos a no volver a ver a tu pareja directamente a los ojos), si por el contrario decides liberarte de los tapujos (y de la ropa de baño) y te lanzas en verano (un lunes para evitar las multitudes) más vale que encuentres una playa distante para que no te reconozcan (sería bochornoso encontrarte con tus padres, tíos, vecinos, padrinos, etc por obvias razones) así que si te vas a alejar escoge una playa a la que no suelas ir y preferentemente de arena (las de piedra te molerán las rodillas, espalda o cualquier centro de apoyo, por lo que si no la encuentras te recomiendo ubicarte arriba porque el de abajo sufrirá como mula) claro, que la arena es punto y aparte, porque si con la ropa de baño puesta logra meterse por el potito si no encuentra la menor resistencia encontrará la forma de meterse en cada una de tus comisuras y cavidades corporales, incluyendo oídos, nariz y si te descuidas hasta en los ojos (por cierto, pocas cosas son tan poco románticas como la mueca de se me metió la arena al ojo) el mar, el mar